Macri aseguró en Devoto que la Ciudad entregaría en marzo la cárcel para que Nación comience el traslado de presos • Por el momento sin novedades.
Caminar por las veredas de Villa Devoto tiene ese encanto de barrio jardín, pero para quienes viven cerca de la calle Bermúdez y Nogoyá, el paisaje está marcado por una sombra que lleva décadas: los muros de la Cárcel de Devoto. El pasado mes de febrero, una luz de esperanza se encendió cuando el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció lo que todos queríamos escuchar: en marzo comenzaría el traslado de los internos al nuevo complejo de Marcos Paz. Sin embargo,ya estamos en abril y el silencio es tan pesado como esos mismos muros.
En aquel encuentro en el Club Allende, Macri fue contundente ante los vecinos. Aseguró que la Ciudad entregaría en marzo una cárcel con capacidad para 2.400 detenidos, destacando que el espacio “sobra” para los 1.100 presos que hoy ocupan nuestro barrio. Pero también dejó una advertencia que hoy resuena con fuerza: el traslado efectivo depende exclusivamente del Gobierno Nacional, liderado por Javier Milei, y, por lo que se sabe, no hay una sintonía que unifique sus objetivos políticos. Según los términos planteados, la Ciudad cumple con terminar la obra, pero es la Nación la que debe mover a los internos.
Esta situación nos coloca en una espera angustiante. ¿Qué sucede cuando las promesas de calendario chocan con la burocracia o la falta de coordinación política? El Jefe de Gobierno incluso llegó a decir que, si el traslado no se concretaba, pediría a los vecinos “levantar el volumen” para reclamarlo. Ese momento parece haber llegado, porque el calendario pasó de hoja, marzo quedó atrás y los camiones de traslado aún no se ven en el horizonte.
El reclamo de Lamadrid

En 1963 el Servicio Penitenciario le arrebató un terreno al Club Lamadrid. Con el anuncio sobre el traslado del penal, el “carcelero” reclama esas tierras.
Mientras se discute si el predio albergará edificios, un parque deportivo, o espacios verdes bajo el lema de la “participación ciudadana”, hay un actor fundamental que parece haber sido borrado de la narrativa oficial: el Club General Lamadrid
Históricamente, el club reclamó esos terrenos como una reparación necesaria y justa. Lamadrid no es solo una institución deportiva; es el corazón social de la zona, y su lucha por recuperar espacio para sus actividades es tan antigua como la propia cárcel. Sin embargo, en las recientes charlas con los vecinos, el Jefe de Gobierno omitió mencionar qué lugar ocupará el club en el futuro del predio o si se contempla su pedido histórico. Para la comunidad “carcelera”, como se conoce afectuosamente a los hinchas y socios, no se trata solo de un terreno, sino de la posibilidad de expansión de un club que contiene a cientos de chicos del barrio.
El reclamo por las tierras adyacentes a la unidad penitenciaria es legítimo y se fundamenta en la necesidad de infraestructura deportiva para una zona que crece. Mientras los vecinos soñamos con el fin de la última cárcel urbana, exigimos que la planificación no deje afuera a quienes han custodiado la identidad del barrio desde la vereda de enfrente.

