La falta de pausa entre estímulos y respuestas convierte a los actos cotidianos en hechos violentos.
Este conocido y muy usado refrán de la sabiduría popular, de la transmisión oral, expresa brevemente que entre una promesa y su cumplimiento, hay un tiempo, un espacio, un esfuerzo, una gestión laboriosa a realizar, a cumplir.
En estos tiempos, de “sociedad líquida” (Zygmunt Bauman, sociologo), donde lo social se caracteriza por la inestabilidad, la fluidez y la falta de estructuras fijas; el refrán debería ser: “del dicho al hecho hay muy poco trecho”, ya que entre la frustración y la ira y la acción de respuesta casi no hay tiempo. Es enorme la cantidad de estallidos violentos que vemos en noticieros, la calle, las redes, entre parejas, conductores, vecinos, padres/madres e hijos, docentes y alumnos, etc, y que siempre ocurre en el entredós , cuando aparece el disenso. Aquí se acorta mortalmente el tiempo de resolución; no se miden costos ni consecuencias, el enceguecimiento manda, la acción no se controla. No hay espacio psíquico ni real entre la furia y la acción demoledora contra el otro.
Este accionar cada vez más frecuente, denota la falla y dificultad en el control de impulsos y atraviesa todas las edades y franjas socioeconómicas. Esta pérdida de control ocurre por no poder utilizar los frenos inhibitorios frente a situaciones que tensionan.
El control inhibitorio es la capacidad de regular o interrumpir ciertas respuestas automáticas e impulsivas, sirve para organizar la conducta de manera racional, también tiene relación con posponer recompensas inmediatas, sería por ejemplo renunciar a la riña callejera y organizar la respuesta o solución.
El control de todas nuestras acciones se aprende en la niñez, cuando y que se debe comer, cuando hay que dejar los pañales, cuando ya es hora de dormir, todo esto tiene que ver con entrenar una pausa entre un estímulo y una respuesta, en la niñez los padres son quienes la enseñan, pero a veces esto no ocurre , entonces aparecen acordes a la edad episodios de falta de control en la escuela, en espacios de diversión, trabajos. Hay herramientas para afinar estos controles, y aprender como hacer para que los impulsos no tomen el control de nuestra vida. Solo hay que empezar reconociendo la dificultad.
LIc. Graciela Surace – Psicóloga
30 años de experiencia – Malestar anímico, falta de intereses – Trastornos de ansiedad, depresión.
Consultorios Devoto / WhatsApp 15-6008-1961

