Franco Costanzo, viajero argentino, narra sus experiencias, su conexión con el chamanismo y la filosofía y su escape de Irán gracias a Maradona.
Franco Costanzo es un devotense genuino que, luego de 17 años y recorrer más de 80 países, volvió a su barrio con una historia única para contar. Desde niño en Devoto, la curiosidad y el deseo de conocer el mundo guiaron su destino. Hoy, está a punto de publicar un libro que reúne relatos de sus viajes y vivencias, un testimonio que refleja la pasión por aprender, explorar y vivir intensamente.

Para seguir sus pasos: el libro, el podcast y su perfil en Instagram
@frankito.intergalactico son ventanas abiertas para conocer sus historias.
Nacido y criado en Devoto, Franco hizo la primaria en el San David y la secundaria en el Colegio Argentino de Devoto. “Ambas ya no existen” recuerda. Su abuelo, un canillita que se convirtió en un gran lector, fue motivo de inspiración. A los cuatro años, Franco devoraba clásicos como Robinson Crusoe y Moby Dick, historias que sembraron en él las semillas de la aventura y el conocimiento.
Se recibió de abogado en la UBA, donde también dictó clases de Derecho Penal y Criminología. Su sueño era proteger derechos fundamentales: la defensa de las comunidades indígenas amazónicas. Así, durante unas vacaciones universitarias emprendió un viaje por Sudamérica que se extendió hasta transformarse en una gira por el mundo.

En principio, planificó tres meses para recorrer Egipto, Israel, Jordania y Grecia, inspirado por el legado místico de Hermes Trismegisto. Pero, inesperadamente, sus planes cambiaron para convertirse en 17 años de viajes sin fin y la visita a 83 países. La decisión clave ocurrió en Roma, cuando una mujer le regaló un dado con las opciones “sí”, “no” y “tal vez”. Frente a la pregunta “¿Debo volver a Buenos Aires?”, el dado dijo “no”. Y así, siguió.

Franco viaja con la filosofía del viajero auténtico: dormir donde duermen los locales, comer sus alimentos y sumergirse en sus vidas. Así conoció momentos que marcaron su travesía profundamente. En el corazón de la Amazonia, fue detenido por las FARC, quienes tras horas lo liberaron por no llevar cámaras ni cosas que parecieran amenaza. En la frontera entre Irán y Turkmenistán, encarcelado y al borde de un ataque, salvó su vida gritando “¡Maradona, Maradona, Maradona!”, palabra que le salvó la vida. Y en plena pandemia, se aisló un año entero en la jungla de Talamanca, Costa Rica, donde renació física y espiritualmente, alimentándose solo con frutos y raíces silvestres.

Tras tanta aventura, el regreso a Villa Devoto fue un choque entre la nostalgia y el cambio: “El barrio cambió más en 7 años que en 40”, comenta. Pero sostiene con firmeza que el espíritu bohemio de Devoto sigue intacto y que aún late en su gente.

Hoy, a los 42 años, Franco tiene listo su libro: casi 800 páginas que son mucho más que un diario de viaje. Es una trilogía vivencial donde convergen historia, política, chamanismo y una mirada espiritual del mundo. Viajar con poco dinero, confiar en la energía y en la conexión humana fueron claves para recorrer el mundo, según su relato. Su obra promete ofrecer respuestas filosóficas y existenciales a sus lectores. Estaremos atentos a la publicación de esta épica crónica de un viajero que llevó la bandera de nuestro barrio a los lugares más recónditos del planeta.



