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Sentido adiós a Domingo Pirraglia

La comunidad devotense despide con emoción a un grande


A sus 77 años, nuestro barrio le dice adiós a “Mingo˝, el entrañable referente que lideró el club Ateneo Félix Marino por más de cuatro décadas •  No fue un vecino más: fue un pilar comunitario indispensable para Villa Devoto • Su partida física nos deja un vacío inmenso.

Nunca es fácil despedir a un amigo. Se escriben estas líneas con mucha emoción. Espero sepan disculparme, no encuentro otra forma de hacerlo. El lunes 3 de agosto, a los 77 años y tras sobrellevar una cruel enfermedad, nos dejó Domingo Pirraglia, un vecino entrañable para nuestra comunidad. “Mingo”, como lo conocíamos todos, no fue un vecino más: fue un pilar comunitario indispensable para Villa Devoto. Su partida física nos deja un vacío inmenso, pero también nos hereda la inestimable responsabilidad de honrar una vida enteramente consagrada a tejer lazos de solidaridad, afecto genuino y pertenencia en cada rincón donde puso sus incansables manos.

Almacén, club, barrio

La historia de Mingo con nuestro barrio comenzó de muy jóven, cuando trabajaba en el almacén y fiambrería de sus padres, ubicado en la esquina de Salvador María Del Carril y Allende. Muchos vecinos rememoran ir con sus madres a comprar ahí, recordando a ese joven trabajador, pilar de una típica familia italiana, siempre atento y poseedor de una inigualable visión de futuro. En 1978, Mingo asumió un desafío que transformaría completamente su vida y la vida deportiva de nuestra zona: la dirección del Ateneo Félix Marino, en Habana y Benito Juárez. Durante más de cuarenta años de gestión, lideró con trabajo y amor incondicional este espacio de encuentro, logrando convertirlo en un ícono deportivo, social y formativo para miles de familias devotenses.


“Mingo”, como lo conocíamos todos, no fue un vecino más: fue un pilar comunitario indispensable para Villa Devoto. Su partida física nos deja un vacío inmenso.

Nobleza obliga

Mingo era de esas personas que se alegraban de tus progresos y te acompañaban con calidez en los momentos difíciles. En lo personal, voy a extrañar profundamente sus sabios consejos, siempre caracterizados por la palabra justa, medida, sobria, respetuosa y considerada. “Dos orejas y una boca Jorge!”, me recordaba siempre con sabiduría. “La naturaleza es sabia…”, agregaba con picardía, destacando el inmenso valor de la escucha activa. Si tuviera que definirlo con precisión absoluta, elegiría la palabra “Nobleza”, pues en ella habitan otras condiciones como: honestidad, sinceridad, lealtad y altruismo. Ese mismo espíritu lo impulsó a colaborar activamente con la Cooperadora del Hospital Zubizarreta, el Rotary Club y la Cámara de Comercio local. Mingo fue también un ferviente defensor de la escala urbana tradicional de Villa Devoto, liderando la resistencia vecinal frente a los proyectos de túneles vehiculares que amenazaban la fisonomía residencial de nuestro querido entorno.

El porvenir de su legado

Fernanda Mayo, querida amiga en común, resumió nuestro dolor de manera perfecta: “Despedir a Mingo es despedirnos de una parte de nuestra historia”. Es decirle adiós a ese Devoto de vereda, de colegio y de club que nos hacía sentir parte de una gran familia. Mingo habitaba ese espacio desde la generosidad absoluta, cuidándonos y poniendo siempre el afecto por delante de cualquier condición. Cientos de mensajes en redes sociales agradecieron su bondad, recordando cuando prestaba el club para festejar cumpleaños o cómo marcó la infancia y la vida de familias enteras.

Abrazamos de corazón a su compañera Marta, a sus hermanos Oscar y Yolanda, y a sus hijos Oscar, Mariana y Adrián, quienes seguirán en el Ateneo manteniendo encendido su legado. Tu obra continúa adelante, querido amigo; descansá en paz, que quien escribe y el barrio jamás te olvidarán.

Jorge Mesturini

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