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08/07/2017
ALEJANDRO SCOMPARIN  
Unir Malvinas, homenaje de un devotense

El vecino de Villa Devoto corrió seis días en las Islas Malvinas en honor a los soldados argentinos y británicos caídos en la guerra de 1982.


“Un año de preparación fue necesario para correr los 250 kilómetros en las Islas Malvinas. Elegí hacerlo en diciembre fundamentalmente por cuestiones climáticas y para disponer de todo el año para planificar el desafío”. Así se refiere Alejandro Gabriel Scomparin en uno de los capítulos de su libro llamado Unir Malvinas, de próxima publicación, con relación a cómo se preparó para llevar a cabo su homenaje a los soldados argentinos y británicos que dieron su vida en el enfrentamiento bélico desatado en 1982.

“Lamentablemente, los dos países ostentamos un triste empate, que es la cantidad de personas que se quitaron la vida luego de la guerra, que alcanzan a 500 personas de cada país. Por múltiples motivos, como que la sociedad les dio la espalda o no tuvieron la contención correspondiente luego de regresar de la guerra. Como cualquier ciudadano, me veía en la obligación de aportar mi granito de arena para llevar un mensaje de paz y recordar a los veteranos de ambos países”, relata este deportista por vocación que cumplió con un objetivo de gran sensibilidad humanitaria.  

Los lugares que Alejandro unió en su recorrido por las islas, a razón de uno por día, fueron donde se desarrollaron los combates más importantes; Fitz Roy, Arroyo Malo, Monte Longdon, Darwin, San Carlos y, el último día, unió los cementerios argentino y británico como mensaje de paz y homenaje a los veteranos de guerra de ambos países. El relato de su historia respecto a lo que realizó se puede continuar leyendo en su Facebook, Unir Malvinas y en su web, www.unirmalvinas.com.ar

Con relación a su entrenamiento comentó. “Comencé entrenando suave. Sábados y domingos con mayor intensidad, con sesiones de media hora en la pileta, noventa minutos en la bicicleta y otros treinta corriendo. El domingo, tres horas de bicicleta y una de running. Fui incrementando la carga en forma paulatina. Agregué entrenamientos en la semana. En la pileta y corriendo. De lunes a viernes eran sesiones únicas. No combinaba dos disciplinas, pero entrenaba en el gimnasio de mi casa antes de ir a nadar o a correr. Los fines de semana fui aumentando la carga de entrenamiento. Los sábados combinaba 1000 metros de natación con noventa minutos de bicicleta y los domingos, tres horas de bicicleta más cincuenta minutos de running. Mi zona de entrenamiento estuvo comprendida por los Parques Sarmiento, Mugica, de chico lo conocía como Parque Saavedra, y General Paz, dentro del que se encuentra el Museo Histórico Cornelio de Saavedra. Este último se encuentra a cinco kilómetros exactos desde mi casa”.

La preparación física de Alejandro se fue haciendo más exigente a medida que se acercaba la fecha de correr en el archipiélago. “Los fines de semana fui sumando carga de entrenamiento. Los sábados 45 minutos de gimnasio. Luego, tres  horas de ciclismo en el circuito del Parque Sarmiento para finalizar con dos horas de running. Los domingos alternaba, dos horas de bicicleta y tres horas de running, llegando a un total de cinco horas netas en cada uno de los días del fin de semana”. 

Entrenando por Devoto

Las calles de nuestro barrio también fueron parte del lugar de entrenamiento de Alejandro, quien además, contó una linda historia recordando a su padre. “La rutina completa implicaba despertarme a las 6 de la mañana y finalizar alrededor de las 15 hs. Empezaba el día con sesiones de gimnasio, desayunaba café con Ensure para salir a pedalear a las 8 hs. El recorrido lo iniciaba en mi casa, tomaba la Avenida Chivilcoy hasta la Plaza Arenales, conocida como Plaza Devoto, previo cruce del paso a nivel del Ferrocarril San Martín. Cada vez que pasaba por allí, me persignaba y le rezaba un padre nuestro a mi padre. Él fue quien diseñó la posición de las barreras y el circuito peatonal de ese cruce en 1966, año en que llegaron las barreras automáticas a nuestro país. En realidad, hizo el mismo trabajo en todos los pasos a nivel desde la estación Paternal hasta José C. Paz, salvo dos excepciones. Demoró tres meses en recorrer todos los pasos a nivel para realizar el relevamiento. Con el paso de los años, muchos de ellos cambiaron su posición o fueron reemplazados por túneles, pero el de Chivilcoy sigue igual”.

 




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