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09/09/2016
DE VILLA DEVOTO A SUDÁFRICA  
Un embajador con raíces devotenses

Javier Figueroa, es el nuevo embajador argentino en Sudáfrica, desde agosto. Nació y se crió en Villa Devoto. Diplomático de carrera, recuerda con afecto al barrio.


Nuestro querido barrio está lleno de historias, anécdotas, personajes y monumentos. Todo cimentado por sus habitantes, tanto del pasado como del presente. Personalidades, famosos, hechos históricos y, ciudadanos “comunes”, hacen de Devoto un lugar rico en cuanto a acontecimientos que trascienden las calles y los límites del barrio.

En esta ocasión, conocemos la historia de vida de Javier Esteban Figueroa, oriundo de Villa Devoto, que en la actualidad desempeña su función de diplomático de carrera en Sudáfrica. Desde su residencia en Pretoria, este ex alumno del Colegio Cardenal Copello nos cuenta su derrotero profesional, desde que se recibió de abogado, pasando por sus nombramientos en Londres, Inglaterra,  La Habana, Cuba, y actualmente en Africa.

“Luego de haberme graduado de abogado y de haber ejercido durante siete años derecho penal (Devoto fue importante porque durante todos los viernes visitaba a mis defendidos en la cárcel) decidí entrar al Servicio Exterior de La Nación. Luego de un proceso de selección bastante duro, ingresé a la Academia Diplomática, en donde conocí a mi mujer, Alessandra, actual Cónsul General en Johannesburgo”, cuenta Figueroa sobre los comienzos en su profesión.   

“Mis destinos en el exterior fueron muy interesantes y diversos. Casi ocho años en Londres y dos y medio en La Habana. En la Cancillería trabajé en el Departamento Legal y más recientemente fui Director General de Malvinas e Islas del Atlántico Sur y luego Subsecretario en dicha temática”, tira como si nada quine supo vivir con su familia en la calle Bermúdez a metros de la cárcel y luego en Salvador María del Carril esquina San Nicolás. . 

Con relación a lo que desarrolla como diplomático de carrera, es decir, sin que su nombramiento sea por un cargo político, Figueroa refleja lo que para él significa llevar a cabo su función en el exterior. “Poder representar a mi país siempre ha sido un orgullo, hacerlo como Embajador en Sudafrica es un desafío profesional y a la vez una experiencia increíble para mi y para mi familia. Tenemos una hija, Delfina (9 años) y dos perras que nos acompañan desde Buenos Aires”. 

“Pese a estar hace unos pocos días en este destino, (su traslado se hizo efectivo a principios de agosto), uno ya puede sentir el porqué la gente se enamora de Africa. Su naturaleza, su historia, a veces trágica, la riqueza de su cultura y la calidez de su gente, hacen que uno se sienta naturalmente cómodo. Es extraño, que un lugar tan exótico pueda producir una inmediata empatía. La historia sudafricana, como han podido superar el horror del apartheid y ser una sociedad vibrante y a la vez compleja, no me deja de fascinar, a la vez que me infunde un enorme respeto”, explica con lujo de detalle.  

A su vez, Javier Figueroa nos habló de los objetivos a los que se apunta desde su función como embajador. “Desde el punto de vista profesional la agenda que tiene Argentina con Sudáfrica es variada. Imposible aburrirse. Desde temas agrícolas, científicos y comerciales pasando por el rugby y fútbol”. 

Devoto en el corazón

Y como no podía ser de otra manera, el actual funcionario recuerda con especial afecto todo lo que tiene que ver con Villa Devoto, marcado por lugares con referencias ineludibles de nuestro barrio. “Me considero un tipo afortunado. Tengo amigos de toda la vida, que me acompañan desde mi niñez y adolescencia en Devoto, una familia maravillosa y un trabajo que disfruto”.

“Quizás, el único (y a veces gran pago que debemos hacer los diplomáticos es separarnos de nuestros afectos. De nuestro país. No recuerdo quien lo dijo, pero es cierto que la patria es la infancia. Y mi infancia está marcada por el barrio, por mi colegio, el Cardenal Copello, la plaza Arenales, Monte Olivia, Tito, el calesitero, La Fonda (que no sé si aun existe) con un mozo memorable "El demonio negro" (de moño negro), colarnos en noches de verano en la pileta del Ateneo Félix Marino y otras cosas que prefiero no hacer públicas para no incriminarme”, resume entre risas. 

“Así, como todo devotense añoro, alguna vez, poder volver a vivir en ese maravilloso barrio. Un saludo desde Pretoria, Sudáfrica, Javier Esteban Figueroa”.

 

 

 

 




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