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05/09/2016
VILLA DEVOTO  
Tres generaciones de canillitas

Juan Carlos Colli “Pocho” y su mujer Betty, cumplen este año más de 50 años de canillitas. Son una de las familias más conocidas y queridas del barrio. Su hijo y su nieto siguen el oficio familiar. Atienden el emblemático puesto de diarios de Nueva York casi esquina Chivilcoy, frente a la plaza.


Villa Devoto tiene monumentos, edificios y lugares que son una parte importante, representativa e histórica del barrio. Pero en la esquina de la calle Nueva York en su intersección con la Avenida Chivilcoy, frente a la plaza Arenales y a escasos metros de la entrada principal del Hospital Zubizarreta, se encuentra el puesto de diarios de Pocho, Betty, Leo y Franco Colli, tal como se los conoce desde hace muchísimos años.

Se trata de Juan Carlos Colli, (77), su hijo Leonardo (50) y su nieto Franco (19), tres generaciones de canillitas de una familia que si alguien en el barrio no los conoce es porque recién se instaló en la zona. Hasta se podría decir que pasar por su puesto de diarios es una obligación al pasear por Devoto, tanto por la calidez de sus dueños como por las charlas de todo tipo que se suscitan con vecinos y algún que otro “personaje” que circunstancialmente visita el puesto de diarios.

“Cuando yo empecé con el puesto de diarios en esta esquina, allá por la década del 60, el hospital Zubizarreta estaba rodeado por una pared con una hermosa y alta reja. Con tantos años trabajando en el mismo lugar fui testigo de cómo se fue transformando esta parte de Villa Devoto, tanto en lo bueno como en lo malo, aunque por suerte es más lo bueno”, confiesa a Devoto Magazine Juan Carlos, más conocido como “Pocho”. Tal es el reconocimiento de su apodo, si uno pregunte por él por su nombre, seguramente no encontrará respuesta. “Pocho” es “Pocho”, para grandes y chicos.

“Aquí he visto crecer a muchas familias. El estar durante tantos años, todos los días, en el puesto de diarios atendiendo a los vecinos, me permitió conocer a muchos padres que venían con sus hijos, y que después se transforman en adolescentes y luego en adultos que hoy vienen con sus hijos. Esos vínculos son muy gratificantes”, agrega quien acuñó la profesión de diariero desde los 11 años. Las palabras de “Pocho” tienen mucho de cierto. Desde el momento que uno va por primera vez a comprar un diario, una revista, libro, o cualquiera de las cuantiosas publicaciones que se venden en su puesto, de inmediato se percibe que el trabajo que allí realizan está hecho con ganas, pasión, seriedad y por sobre todas las cosas, calidez con el cliente.

“Nuestro trabajo es de un gran sacrificio porque hay que estar todos los días del año desde la madrugada preparando todo para cuando salimos a hacer el reparto a quienes esperan su diario o la publicación a la que están suscriptos. Nuestra premisa siempre fue el atender al cliente de la mejor manera, tanto al que le llevamos el diario a la puerta de su casa como a aquel que pasa por el puesto”, explica Leonardo.

Sus palabras no faltan para nada a la verdad. Pasar por el puesto de Nueva York y Chivilcoy, no es solamente pedir lo que uno va a comprar y retirarse, es encontrarse con personas amables que, a pesar de tener el puesto más importante y mejor ubicado en Devoto, mantienen un trato de amistad y, hasta se podría decir, familiar.

Es que los Colli tienen espíritu de familia unida y trabajadora. Esta definición se comprueba fehacientemente al ver todos los días también a Betty, madre de Leo y esposa de Pocho, acompañandolo en el turno en el que a él le toca estar atendiendo. O, con los dibujos de niños del barrio que están exhibidos en el kiosko, porque a los chicos también les gusta pasar por el puesto retribuyendo su amistad con creaciones hechas con marcadores y crayones.

Y, sin ir más lejos, el legado familiar ya llegó a la tercera generación. Franco, hoy de 19 años, hace tres que trabaja junto a su padre y su abuelo. Al principio solamente yendo a la madrugada para realizar el reparto, y luego, una vez terminados sus estudios secundarios, a la par de Leo, haciendo el reparto, pero también atendiendo al público.

Con frío, calor, sol o lluvia, Franco heredó de sus antecesores la contracción al trabajo, y lo lleva adelante con toda responsabilidad. “A las cinco de la mañana a más tardar ya estamos con mi papá armando todo para salir con la bicicleta a llevar los diarios”, comenta. “Una vez terminado el reparto me quedo ayudando en lo que haga falta”, agrega quien a pesar de su corta edad ya conoce todos los pormenores de la profesión.

“Al cliente siempre hay que tenerlo conforme, y por la ubicación en la que estamos y por la gente de Villa Devoto, que con nosotros tiene un ida y vuelta espectacular, nosotros tenemos que estar siempre a su disposición”, comenta Leo, hijo adoptivo del barrio.

 




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