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01/28/2010
PERSONAJES/ Devotenses por el mundo  
A Devoto siempre se vuelve

Mónica, de profesón tapicera, por circunstancias de la vida vivió en distintas casas de la zona. Desde el año 2000 vive en España producto de la crisis económica argentina, pero siempre que pudo volvió.


Mónica Rivas se fue a vivir a fines del 2000 a Beniparrell, a 15 km de Valencia, España, donde debió partir debido a las circunstancias económicas del momento. Siempre tuvo una inclinación por el arte y actualmente es empleada de Telefónica, sin embargo le gustaría poder volver a dar clases de tapices en telar. No obstante, espera poder jubilarse en cuatro años, volver al barrio por tercera vez y dedicarse a las artesanías, la docencia y el telar, en fin “lo mejor que sé hacer”, declara.
Pero previo a ello tuvo una vida muy ligada a Devoto. Sus abuelos solían tener un taller de matricería cerca de la cárcel y su abuela lo ayudaba en los tiempos que tenía cuando no trabajaba en el Hospital Durand. El papá de Mónica llevó el mismo oficio y su mamá trabajó muchos años en Entel. Ella se crió en la casona de sus abuelos llamada “Santa Elena”, ubicada en Habana 4382. Hoy lo único que queda es una palmera altísima en el chalet que edificaron allí. “Mis mejores recuerdos en esa casa fueron las gallinas que criábamos y luego comíamos. Y los árboles fruteros de nísperos, uvas, granada”, recuerda.
Con respecto a su verdadera pasión, hizo cursos de tapicería con Antoinette Galand, Azucena Miralles y Raúl Marengo, todos Premios Nacionales del rubro.
La primera vez que dejó el barrio fue a los 15 años cuando se fue a vivir San Miguel, pero a los 20 regresó. Vivía en un departamento en Av. Beiró al 4000, arriba de la peluquería de Luconi. Años más tarde, en 1974, ya entrada en la adultez, conoció al padre de sus hijas. El siempre tuvo una fábrica de raquetas de tenis y ella hacía una promoción en el Lawn tenis para Fiat cuando se cruzaron. Luego de casarse, se mudó por cuarta vez por un breve período a Navarro, casi Av. San Martín, donde nació su primera hija: Vanesa. Más tarde debió irse, pero esta vez junto a su familia. Vivieron en Bella Vista y al poco tiempo Mónica regresó a Devoto con su familia instalándose en Simbrón 4528, donde nació su segunda hija: Melisa.
Con el tiempo aquella casa se tiró abajo y se edificó un chalet. Años después, cuando se divorció, se fue a vivir con sus hijas a J. Cubas y Mercedes, época en la que tuvo dos locales en Beiró y las vías. Adelante era un negocio de plantas y en la parte de atrás daba clases de pintura en telar. La última mudanza que emprendió fue a Segurola 3226 donde vivió hasta partir a España.
Detrás del océano pero con la mente puesta siempre aquí, Mónica vivió todos los momentos más importantes de su vida en el barrio: “Devoto es un barrio con duende, el que ha vivido alguna vez en él, vuelve...”, concluye.

 




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