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07/14/2012
VIERNES 13  
Hilda Molina, en Villa Devoto

La médica cubana, reconocida internacionalmente por haberse enfrentado al régimen de Fidel Castro, estuvo presente en un íntimo encuentro en la Fundación Fuerza Viva (Bermudez al 2600), donde brindó una charla, hizo un recorrido por su historia y presentó su libro “Mi Verdad”.


En una encuentro íntimo, le doctora cubana Hilda Molina se presentó el viernes 13 en la Fundación Fuerza Viva (Bermudez al 2600) para dar una emotiva charla organizada por la asociación “Vecinos Solidarios, Abriendo Caminos”. El encuentro fue de unas 20 personas, entre las que se encontraba la comunera del PRO Graciela Valdéz.

La neurocirujana es reconocida por ser un símbolo de la resistencia al régimen de Fidel Castro cuando este gobierno le prohibió salir del país para visitar a su hijo, nuera y nietos, residentes en Argentina y su caso se hizo conocido internacionalmente. En 2010, presentó “Mi Verdad”, un libro en el que cuenta detalladamente su conmovedora historia.

Molina inició su exposición con un breve recorrido por la historia de Cuba y la asunción de Castro, momento en que ella era tan sólo una joven estudiante de 15 años. “Tenía una familia feliz, respetada, estudiaba en una escuela religiosa y mi madre creía que por eso no necesitaba ocuparme de lo social”, comentó, al tiempo que añadió: “Siempre me interesé por las cuestiones sociales”.

Luego, contó cómo se alejó de la fe católica y se volvió parte de ese régimen cubano. “Siempre he asumido mis errores como míos”, admitió. Y aseguró que abandonó todo lo que quería por pertenecer fielmente a ese régimen y luchar por esa “revolución por los humildes y para los humildes” que les había prometido Fidel Castro.

“Hay que defender los ideales y proyectos de vida por encima de todo. Ningún Gobierno debe lograr que uno abandone su rumbo de vida. Yo los abandoné por mucho tiempo”, se lamentó. Y continuó: “Nadie tiene derecho a privarlo a uno de los derechos que le son inherentes al hombre”.

Y contó cómo con el correr del tiempo se fue dando cuenta de que el Gobierno no estaba cumpliendo con esa promesa de defender a los humildes, sino que estaba terminando por arruinar a su pueblo. “El Gobierno nos engañó y nosotros nos dejamos engañar”, indicó.

Y explicó que en ese momento no le importaba ofrecer incluso su propia vida: “No importaba sacrificarse si le íbamos a dejar a nuestros hijos un país mejor. En eso creíamos para hacer todo lo que hacíamos”

Así, contó cómo fue el nacimiento de sus hijo en plena Crisis de los Misiles y su fidelidad al régimen. “Yo sé que le falté mucho a mi hijo, pero me consolaba pensando que ese tiempo perdido lo iba a recuperar una vez que nacieran mis nietos. Pero tampoco me han dejado verlos nacer”, se entristeció.

Continuó relatando cómo de a poco se fue dando cuenta de que algunas normas del régimen no estaban bien y que cuando les cuestionaba alguna actitud nunca le podían dar una respuesta más que callarla para que deje de preguntar. “Es imposible expresar con palabras la angustia existencial que se siente cuando uno vive en una vida que no es la de uno. Yo tenía una sequedad espiritual al estar alejada de la fe”, expresó. Y habló de un régimen que “predica para la izquierda pero vive como la derecha”.

Más tarde contó su ingreso en la escuela de Medicina y su desarrollo como neurocirujana, un campo que le era sólo permitido a los hombres. “Sentí amor por mi profesión desde niña”, explicó. Y contó que su sueño era que los cubanos enfermos pudieran acceder a un buen sistema de salud, dado que contaban con profesionales brillantes.

Así, tras presentar su proyecto para crear un centro de neurocirugía, el mismo Fidel Castro la citó para interrogarla acerca de su plan. “Es el hombre más inteligente que vi en mi vida. Pero al mirarlo a los ojos me impresioné: me di cuenta de que es una inteligencia superior pero sin alma”.

Castro aprobó su iniciativa y así fundó el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN). “Me dio trabajo hacer funcionar un centro en un país donde ya nada funcionaba”, puntualizó. Y luego contó cómo el Gobierno le fue cerrando de a poco las puertas de su centro a los enfermos cubanos y abriéndole paso a los extranjeros, porque éstos eran los que les dejaban ganancias. Sin embargo, Fidel le prometió que el centro no dejaría de atender a los cubanos porque él no lo iba a permitir, algo que no cumplió.

En 1994, apuró las cosas para que su hijo viajara de gira a Japón, algo que lo mantendría lejos de los peligros de Cuba, y renunció como protesta a la decisión del Gobierno de convertir su centro de neurocirugía en un sitio exclusivo para atender a extranjeros que pagaran en dólares. Así, pasó de ser una figura reconocida por la labor en su país, a ser una traidora, y quedar completamente olvidada. “Las palabras de Fidel en ese momento fueron que me quede sepultada en Cuba y nunca más me dejaran salir”, explicó.

Así, pasó 15 años encerrada en Cuba, sin poder ver a su hijo, quien se instaló en Argentina junto a su esposa. “Entré a la revolución con 15 años y me fui con 50, con las manos vacías, sin profesión y sin saber si iba a volver a ver a mi hijo”, se lamentó.

En 2009, se le permitió la salida y pudo viajar a la Argentina para ver a su hijo, nuera y conocer finalmente a sus nietos. “Yo sé que mi caso no es el ombligo del mundo, pero es una ventanita para que se sepa lo que está sucediendo en mi país”, reconoció.

Luego, se le permitió a los presentes hacerle preguntas, y cerró con que no le desea la muerte a Fidel Castro: “Es muy triste pensar que alguien se tenga que morir para que el pueblo cubano pueda salir adelante”.

Al final, Molina vendió y firmó algunos ejemplares de “Mi Verdad”, libro cuya recaudación es enviada a Cuba para brindarle ayuda a su castigado pueblo.




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