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08/26/2011
Cultura  
Devoto, en colores

Rodrigo Suárez, uno de los pintores jóvenes más importantes de Buenos Aires, no sólo vive en Devoto desde que nació, sino que toma al barrio como su fuente de inspiración a la hora de hacer sus cuadros.


Contemplar un cuadro del artista Rodrigo Suárez es ingresar a un mundo de colores brillantes en perfecto equilibrio, que invitan a compartir un momento íntimo, una historia que empieza a contarse. Y queda allí plasmada, en su estilo, también toda la felicidad de su cotidianeidad como pintor. “Más que nada, yo disfruto muchísimo pintar. Me da mucho placer, mucha alegría y quiero que lo mismo sienta quien mira los cuadros”, afirma el artista, que también es arquitecto.

Un arquitecto al que le fue ganando la pasión; una pasión que se desprende de cada frase con la que comenta su labor y sus comienzos: “Yo pinté toda la vida, desde primer grado o segundo. Iba a talleres por acá, en Devoto. Pero talleres libres, no académicos. Me gustaba volar en ese momento. Fui muchos años al taller de una pintora devotense, Lily Hart, con quien no sólo se trataba de pintar, sino también de las historias que nos contaba. Era entrar en un mundo increíble. Y un montón de cosas que aprendí ahí, me dieron ganas de seguir haciéndolas”.

Para Rodrigo, dueño de una calidez y una ternura que también se vislumbran en sus cuadros, pintar es sentirse libre. “Y muchas veces la gente se asusta de verte libre”, afirma entre risas. Para él, llegar a vivir de su arte, fue un proceso paulatino en el que influyó el apoyo de su familia y  abandonar algunas estructuras de la carrera universitaria. “Después del colegio, empecé a estudiar arquitectura y dejé de pintar por casi ocho años. Hasta que un día me di cuenta de que me estaba faltando algo y de cuánto me había encerrado la arquitectura. Me dio un montón de herramientas, que, por suerte, después en la pintura las pude usar, pero por otro lado te súper estructura, por la cantidad de condiciones que hay para la creación: el cliente y sus requerimientos, los materiales, los espacios, uno siempre tiene a quién responderle. Sin embargo, en mi cuadro, yo decido siempre. Estoy muy acostumbrado a hacer lo que siento. Yo juego cuando pinto. Y me propuse no perder el juego, por condicionamientos externos. Juego y soy libre en la tela. Creo que eso le da autenticidad a mis obras”, comenta.

Y pronto la pasión se fue convirtiendo en carrera. Entre exposiciones y concursos, empezó a ser reconocido por la prensa especializada y fue haciéndose un lugar entre los artistas más demandados de la escena pictórica local. Por otra parte, uno de los aspectos favoritos en la circulación de su obra son las donaciones: “Muchas fundaciones o asociaciones me llaman y me piden un cuadro para ayudar en diferentes causas y la verdad que para mi es un placer enorme. Me da gracia a veces todo lo que me agradecen, porque el gusto es todo mío”, cuenta. Ya, por ejemplo, es un participante habitual de la organización “Make-a-wish”, que todos los años hace la subasta “Soñarte, sueños pintados” para cumplir los sueños de chicos con enfermedades graves.

Rodrigo encuentra en su barrio gran parte de la materia prima para contar sus historias. “Devoto me inspira para muy bien. Siempre viví acá y no se si podría vivir en otro barrio. Camino mucho y lo recuerdo muy bien. Sus senderos, el verde, las casas, la tranquilidad. Me siento totalmente identificado con Devoto. Acá hay otra velocidad. Eso que tienen las calles, hay que vivirlo”, explica, mientras mira con desconfianza el día un poco fresco y nublado a través de la ventana de su atelier.

Es que su estación predilecta es el verano, y su estado de ánimo más habitual, el buen humor. “Mi idea base es transmitir buena energía y plasmar ese calor en la obra. Casi siempre estoy feliz, pero si el día está feo o no estoy bien, no puedo pintar”, cuenta. Los colores vivos y fuertes son los protagonistas principales de sus cuadros, fundamentales para transmitir sensaciones positivas, de felicidad y alegría. Otras dos características que resaltan son las texturas y las escenas descentradas: personajes de los cuales sólo se ven los pies, su torso a partir del mentón o del cuello. Esto es, según explica, por la intención de invitar a los observadores a entrar en el mundo que les ofrece, con su propia imaginación. A su vez, el clima de cada cuadro se completa con un título disparador y elocuente respecto de cada situación o escena ilustrada.

Su próxima exposición será en la feria Arte Espacio - Feria de Arte Contemporáneo, a realizarse en “Espacio Darwin”, dentro del Hipódromo de San Isidro, entre el 15 y el 19 de septiembre. Allí, cuenta Rodrigo, la idea es que la gente pueda tener contacto directo con los artistas y que puedan adquirirse obras originales a precios accesibles.

El arte de Rodrigo Suárez es inspirador, contagioso y atrapante. No sólo porque pinta llenando telas de colores vibrantes y transmitiendo aquellas escenas, momentos e historias que lo alegran y divierten, sino porque él es profundamente feliz con su arte.

Para saber más sobre la obra: www.rodrigosuarez.com.ar

 

María José Lavandera




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